¿Por qué la visión convencional acerca de la inmigración esta errada?

El tema de la inmigración en los Estados Unidos ha logrado que políticos sean extraños compañeros de cama. Cosmopolitas de la izquierda, intereses empresariales de la derecha y libertarios, quienes simpatizan con ambos grupos, generalmente apoyan una inmigración más abierta. Los oponentes a una política más liberal incluyen a los intereses laborales de la izquierda, a los tradicionalistas y proponentes de “la ley y el orden” de la derecha y a los populistas que ocupan el panorama político en donde estos intereses se intersectan. [2] El compromiso político -si es que del todo se pretende lograr- usualmente resulta en dar a todas las partes una pieza de lo que quieren, perpetuando la naturaleza bizantina de la política inmigratoria de los Estados Unidos. Hay dos áreas de políticas en las que los proponentes de ambos lados se han comprometido y apelado a una perspectiva de “sentido común”: en la política acerca de los trabajadores huéspedes altamente calificados y aquella acerca de los inmigrantes indocumentados.

En el tema de una inmigración altamente calificada, el punto de vista convencional es que la oferta de los trabajadores de altas cualificaciones es baja y que los trabajadores huéspedes ofrecen grandes beneficios a la economía estadounidense, en comparación con otros tipos de inmigrantes, porque ellos aumentan las fronteras científicas y tecnológicas. Los migrantes de altas calificaciones se considera que no son una amenaza y que es poco posible que ingresen a programas del estado de bienestar. Parece de sentido común que se diseñen programas de visas especiales dirigidas a estos trabajadores (tal como se ha hecho en los Estados Unidos) o darles una consideración especial a estos trabajadores altamente calificados, en el proceso de solicitar visas (tal como en Nueva Zelandia o Canadá).

En contraste, la visión convencional acerca de la inmigración indocumentada es que constituye una amenaza contra la fábrica social, los mercados domésticos de trabajo e, incluso, a la seguridad nacional. Cuando se llega al tema de la cuestión de los inmigrantes indocumentados, los proponentes de la inmigración liberal de otras eras, regularmente ceden el campo a la oposición y demandan fronteras bien resguardadas, mano dura en contra de quienes emplean a inmigrantes indocumentados y piden la deportación de los ofensores.

Sin embargo, en una ocasión, el desaparecido economista John Kenneth Galbraith, quien era un inmigrante, nos advirtió acerca del problema de los convencionalismos. A él se le acredita con hacer notar que “el punto de vista convencional sirve para protegernos del trabajo doloroso de pensar.” A pesar de ello, la inmigración es un asunto lo suficientemente importante como para que necesitemos ir más allá del convencionalismo y, sin importar qué tan doloroso sea el proceso, de hecho, que se tenga que pensar. El punto de vista convencional, tanto acerca de la inmigración altamente calificada, como de la de indocumentados, induce al error. El caso económico en favor de darles a los inmigrantes altamente calificados una ventaja en el proceso de inmigración, es débil. Es más, los inmigrantes indocumentados, lejos de ser indeseables, dan señales, mediante sus esfuerzos para entrar y permanecer en el país, de que son una adición valiosa a la sociedad estadounidense.

MIGRANTES ALTAMENTE CALIFICADOS NO MERECEN UN TRATO ESPECIAL

Con el transcurso de los años, el Congreso de los Estados Unidos nos ha servido una sopa de letras del abecedario para las visas de inmigrantes altamente calificados: visa F-1 para estudiantes, status de Entrenamiento Práctico Opcional (EPO) para graduados recientes, visa H-1B para trabajadores huéspedes educados en la universidad, que se hayan contratado recientemente, visa L-1 para trabajadores huéspedes graduados de universidades, quienes actualmente están empleados en el exterior y visas O-1 para trabajadores huéspedes con “habilidades extraordinarias”. Cada visa tiene sus propios requisitos y limitaciones, pero, lo que tienen en común, es que no están disponibles para los extranjeros con pocas habilidades, quienes quieren venir a los Estados Unidos y trabajar. En la visión de la mayoría de la gente, deliberadamente adaptar, de esta manera, ese acceso a otras áreas de la vida pública estadounidense, sería un error. Por ejemplo, hemos dejado de exigir pruebas de alfabetización para votar. Sin embargo, aquella práctica es extremadamente popular en el caso de la política inmigratoria.

Quienes promueven visas que sean exclusivamente para trabajadores bien educados, usualmente justifican sus propuestas aludiendo a escaseces de mano de obra en los mercados de trabajo altamente calificado. [3] Los proponentes de visas para los altamente calificados, presentan una explicación rigurosa de lo que dan a entender por “escasez de mano de obra,” pero, su alegato principal es que las firmas de tecnología, laboratorios de investigación y desarrollo y universidades, están ayunas del talento que

Figure 1. Labor Demand and Labor Supply: A Labor Shortage.
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el mercado de trabajo no está brindando. Cuando los economistas usamos el término “escasez de mano de obra”, usualmente nos referimos a una situación en la cual el número de trabajadores que se demanda al salario vigente, excede al número de trabajadores que están deseosos de trabajar a ese salario. La razón principal de por qué existen tales escaseces en un mercado libre, es porque un gobierno ha impuesto un precio máximo que está por debajo del precio del mercado libre. La escasez de casas de vivienda para alquilar en Nueva York, por ejemplo, se debe a la imposición de precios máximos o topes a los alquileres. La figura 1 muestra un caso en que un límite superior a los salarios ocasiona una escasez. El precio de equilibrio es W0. A un precio o salario de W0, ambas, la cantidad demandada y la cantidad ofrecida son iguales a Q0. Pero, si el gobierno impone un salario máximo o tope de WC, la cantidad demandada sería WD y la cantidad ofrecida WS. Habrá una escasez de QD menos QS. En ausencia de un precio máximo, los precios tienden a ajustarse. Esto también es cierto para los mercados de trabajo. Debido a que en los Estados Unidos los salarios máximos actualmente son raros o inexistentes, es difícil creer que, en realidad, hay una escasez en el sentido en que lo definen los economistas.

Figure 2. Labor Demand and Labor Supply: An Inelastic Supply of Labor.
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La mayoría de las veces, aquellos promotores parecen estar afirmando que el mercado de mano de obra calificada simplemente está caracterizado por lo que los economistas denominan una oferta a largo plazo “inelástica” de trabajadores altamente calificados. Tal caso se muestra en la Figura 2. A una tasa de salarios de W0, no hay escasez: la cantidad demandada de mano de obra es igual a la cantidad ofrecida. Pero, con una oferta de mano de obra inelástica, los trabajadores no responden mucho a cambios en los salarios, de manera que la cantidad de mano de obra que se ofrece es casi fija. Nótese que, en la Figura 2, si aumentara la demanda de mano de obra, la tasa de salarios aumentaría mucho, pero la cantidad de mano de obra ofrecida se incrementaría tan sólo en un poco. Si todo lo que se da a entender por “escasez de mano de obra” es, en realidad, una oferta inelástica de mano de obra, entonces, no se podría justificar una intervención con base en el así llamado “fracaso del mercado”, pues un mercado con una oferta inelástica es, aun así, un mercado que funciona apropiadamente. Se necesita que se invoque ya sea algún otro tipo de fracaso del mercado (tal vez, un fracaso tipo río abajo) o algún objetivo no económico, para justificar el tratamiento especial de los inmigrantes altamente calificados.

Muchos economistas prominentes, incluyendo John R. Hicks (1959), Walter Oi (1962), Richard Freeman (1975, 1976) y Austan Goolsbee (1998), han estado de acuerdo con que, en el corto plazo, las ofertas laborales de trabajadores altamente calificados, son relativamente inelásticas. [4] Ellos hacen notar que es difícil sustituir a trabajadores especializados entre diferentes áreas y que, en muchos casos, entrenar nuevos trabajadores en un campo específico, toma una cantidad considerable de tiempo. Estos factores implican que no se puede conseguir trabajadores altamente calificados para que operen en línea de manera inmediata, a pesar de la atracción de salarios más altos. El argumento de que la oferta de trabajo no responde a incrementos salariales en el largo plazo, es un alegato totalmente diferente. Esta afirmación implica que salarios más altos, nunca estimulan a estudiantes y trabajadores para que cambien sus planes e ingresen a nuevas áreas. Debido a que encontramos que eso es altamente implausible y que, también, se carece virtualmente de evidencia de ello, pocos economistas creen que, en el largo plazo, la oferta de trabajadores altamente calificados es inelástica. [5]

Ya sea que un proponente de la visión de la escasez de mano de obra calificada, está sugiriendo que existe una escasez, apropiadamente definida, de mano de obra (Figura 1) o que los estudiantes y trabajadores no responden a las señales de los salarios (Figura 2), una implicación de un aumento en la demanda de estos trabajadores es similar: no habrá un incremento sustancial, a largo plazo, de la cantidad de mano de obra que se ofrece. En el caso de una escasez de mano de obra, un aumento en su demanda no conducirá a un aumento en el salario o en el nivel de empleo. Si la demanda es inelástica en el largo plazo, esperaríamos ver que aumenten los salarios, pero no que haya un subsecuente gran aumento en la cantidad de mano de obra ofrecida.

La disponibilidad de datos acerca del mercado de trabajo de una variedad de ocupaciones altamente calificadas, sugiere que no son ciertos los peores temores de los proponentes de visas para trabajadores altamente calificados. Recientemente, mis colegas y yo hemos analizado los datos de los ingresos y del empleo de los ingenieros eléctricos, ingenieros del petróleo, programadores y de ocupaciones de tecnología de la información (TI). Encontramos que estos mercados tienen una oferta inelástica de corto plazo, pero que, en el largo plazo, los trabajadores responden a las fluctuaciones de los salarios [6]. Llegamos a esta conclusión, investigando cómo las instituciones educativas y los mercados laborales responden a grandes variaciones exógenas de la demanda, como fue el impacto en la producción de petróleo y gas en los años 2000 o durante el desplome de la burbuja de las dot.com en el 2000. En cada uno de estos casos, los salarios reaccionaron primero aumentando sustancialmente en el caso de la demanda incrementada (tal como en el mercado de ingenieros del petróleo) y cayendo o estancándose cuando se debilitó la demanda (por ejemplo, después del desplome de las dot.com). Después de un breve rezago, las tasas de graduación de estudiantes de estas áreas respondieron a las señales de los salarios, aumentando las matrículas y las graduaciones cuando los salarios estaban aumentando y con tasas de salidas más elevadas cuando se debilitó el crecimiento de los salarios. Eventualmente, como resultado de cambios en las tasas de graduación y de las tasas de persistencia de los trabajadores en esas profesiones, el empleo en las ocupaciones altamente calificadas respondió a las tasas de salarios. Este patrón que se repite, sugiere que, ni las escaseces de mano de obra, ni las inelasticidades de la oferta de trabajo en el largo plazo, plantean un problema para los empleadores de trabajadores altamente calificados.

Nuestro trabajo no es el único en concluir que la oferta de trabajo de largo plazo de los trabajadores altamente calificados no es sumamente inelástica. Ryoo y Rosen (2004, p, S110), encontraron, en un artículo muy citado, que en ingeniería “la oferta y las decisiones para matricularse en ella, son notablemente sensibles a los prospectos de la carrera.”[7] Varias décadas antes, en alguno de sus trabajos tempranos acerca de los mercados laborales altamente calificados, Richard Freeman encontró que los médicos y los abogados respondían a las señales de los precios, si bien con un rezago.

Estas conclusiones son importantes porque llegan al corazón del argumento de que haya visas disponibles, exclusivamente para trabajadores altamente calificados. La evidencia sugiere que el mercado laboral de estos trabajadores funciona, tanto como lo hubiéramos esperado que funcionara cualquier otro mercado laboral. De manera que, ¿por qué deberían esos trabajadores ser tratados de manera diferente a otros trabajadores, en cuanto a la política de inmigración?

LOS INMIGRANTES INDOCUMENTADOS SON EXACTAMENTE EL TIPO DE PERSONAS A LAS QUE DEBERÍA DÁRSELES LA BIENVENIDA

La mayoría de los estadounidenses son ampliamente pro-inmigración, debido a que se han convencido de las ventajas de un “crisol” [Nota del traductor: “melting pot”] y debido a que son lo suficientemente versados en las historias de sus familias, al saber que sus padres, abuelos o bisabuelos también, posiblemente, eran inmigrantes. No obstante, una adenda común a este apoyo a la inmigración es su profunda desaprobación de los inmigrantes indocumentados (o, más peyorativamente, “ilegales.”) [8] Además de las obvias violaciones a la ley estadounidense acerca de la inmigración, los inmigrantes indocumentados son acusados de violar aquel tabú que conocimos en la escuela primaria -¡no se brinque la fila!- obteniendo, de esa forma, los beneficios de la inmigración que los inmigrantes obedientes de la ley algunas veces tienen que esperar tantos años para disfrutarlos. Una vez que se agotan las peticiones de ilegalidad y justicia, las críticas a los inmigrantes indocumentados rápidamente descienden al reino de la estrechez de miras, del proteccionismo y hasta del prejuiciado “ellos cambiarán la cultura estadounidense”, “ellos no aprenden el inglés,” “ellos son peligrosos.” En resumen, los estadounidenses tienden a abrazar a los inmigrantes, pero no consideran que los inmigrantes indocumentados sean el tipo de gente que debería ser bienvenida al país. Una pregunta importante, para valorar estas alegaciones, es si o no el grupo de inmigrantes indocumentados está compuesto esencialmente por el tipo de personas que deseamos tener aquí.

Cuando los economistas piensan acerca de la composición de las poblaciones de inmigrantes, tienden a enfocarse en lo que se conoce como “auto-selección.” (Para un tratamiento original de la auto-selección, ver Borjas, 1987). [9] Los inmigrantes no son escogidos al azar para que vengan a los Estados Unidos desde todo el mundo. En vez de ello, los individuos alrededor del mundo consideran cuáles son los costos y los beneficios de la migración, en comparación con permanecer en su país de origen. Ellos sopesan tales costos y beneficios, en contra de las diversas restricciones que enfrentan -el dinero disponible para el viaje, los detalles de la ley sobre inmigración y sus propias habilidades- y deciden migrar o no dependiendo de su evaluación acerca de cuál opción es la mejor. Por ello, de tal forma se dice que se “auto-seleccionan” para migrar. El proceso de auto-selección define quien decide migrar y quién no. Si, por ejemplo, los trabajadores mexicanos menos calificados obtienen beneficios netos mayores al emigrar a los Estados Unidos, en comparación con los mexicanos calificados, y si el número de trabajadores menos calificados mexicanos excede al número de trabajadores mexicanos altamente calificados, esperaríamos que la mayoría de los inmigrantes desde México sean relativamente menos calificados.

De manera que la pregunta que tenemos en la mano es, ¿qué tipo de personas se auto-seleccionan en una inmigración indocumentada a los Estados Unidos? Los migrantes indocumentados vienen primariamente de América Latina y, por lo tanto, tienen muchas de las mismas características que otros migrantes de Latino América. Lo que diferencia los migrantes indocumentados es que ellos valoran tanto estar en los Estados Unidos, que están dispuestos a asumir grandes riesgos personales, tal vez pagando altas comisiones a contrabandistas y a saltarse la ley para venir a aquí. Supuestamente, este no es el caso de los no inmigrantes y de los inmigrantes legales, quienes consideran que estos costos son más elevados que el beneficio de estar en los Estados Unidos sin tener la documentación. Por lo tanto, el estatus de un inmigrante -de si está documentado o no- revela mucha información acerca del inmigrante y de qué tanto él o ella valoran vivir en los Estados Unidos. Los altos costos de la migración significan que los inmigrantes ponen en juego “mucho de su carne propia” y que sólo los inmigrantes que disfrutan de los mayores beneficios netos, ponen el esfuerzo para entrar al país.

Por supuesto que un estatus de indocumentado también puede comunicar otra información. La disposición para saltarse la ley inmigratoria puede señalar una tendencia más medular hacia la actividad criminal. Aun cuanto esto puede aplicarse para algunos casos, la mayoría de los inmigrantes indocumentados hace todo esfuerzo por permanecer en este país y, por lo tanto, evita el comportamiento criminal. Después de todo, los criminales de carrera pueden quebrar la ley en su propio país. ¿Cuál sería el punto de hacer una migración arriesgada, a un país con el que no se está familiarizado, para involucrarse en actividades criminales, que fácilmente podrían hacer que usted fuera deportado? Para migrantes que están en el negocio ilegal de las drogas, las ganancias bien podrían valer el riesgo, pero, para la vasta mayoría de los inmigrantes indocumentados ordinarios, estos intereses simplemente no existen.

Si el estatus de inmigración indocumentada expresa un alto valor de la migración y un fuerte deseo de vivir en los Estados Unidos, entonces, la amnistía para los inmigrantes indocumentados que han venido aquí, es una opción política mucho más aceptable de lo que se suele presentar, a pesar de tenerse una frontera crecientemente militarizada y unos esfuerzos escalados en la aplicación de la ley. Mantener las restricciones a la inmigración que crean, en primer lugar, a inmigrantes indocumentados, es, obviamente, una manera ineficiente para revelar esta información: que los individuos indocumentados no pueden vivir satisfaciendo completamente sus vidas, en tanto que su estatus legal está en el limbo. No obstante, dada la realidad de una gran población indocumentada, el proceso de auto-selección del migrante debería aliviar las preocupaciones acerca de la sabiduría de una amnistía. Después de todo, ¿cuántos de los estadounidenses de nacimiento se meterían en tales apuros, para poder ingresar a los Estados Unidos? Estas son fundamentalmente personas a quienes vale la pena que les abracemos como compatriotas estadounidenses.

CONCLUSIÓN

Una política inmigratoria basada en el mercado es, prácticamente por definición, una política de inmigración liberal, pero, incluso dentro del marco de fronteras abiertas, muchas voces pro-inmigrantes insisten en diferenciar entre migrantes potenciales, con base en el nivel de educación o del estatus legal. La sabiduría convencional sostiene que los inmigrantes bien educados merecen un mayor acceso que los inmigrantes menos educados y que los inmigrantes indocumentados deberían ser asimilados tan sólo después de los inmigrantes con visas válidas o con permisos de trabajo (si es que del todo se les deba asimilar) [Nota del traductor: “Green card”; permisos de trabajo]. Ambos puntos de vista pueden ser desafiados usando los conocimientos de la economía. Los mercados de trabajo altamente calificado, al igual que otros mercados, funcionan de acuerdo con las leyes de la oferta y la demanda y, por tanto, no necesitan de un estímulo artificial del gobierno. En el caso de los inmigrantes indocumentados, los mecanismos de auto-selección sugieren que el estatus de inmigrante indocumentado, comunica información importante acerca del elevado valor que ellos derivan de vivir en los Estados Unidos. Si más gente pensara acerca de estos asuntos tal como lo tienden a hacer los economistas, la sabiduría convencional se iría hacia apoyar una política de bienvenida más amplia, que trata igualmente a todos los inmigrantes de distintos trasfondos.


NOTAS AL PIE DE PÁGINA

[1] El lector puede pensar que esto se refiere a los sindicatos, pero es más amplio: muchos proteccionistas del empleo no están necesariamente asociados con los sindicatos.

[2] En realidad, las fallas geológicas de la política acerca de la inmigración, son aún más complicadas que esto. Prominentes libertarios en la vida pública, como Ron y Rand Paul, así como libertarios, tales como Hans Herman Hoppe y Anthony de Jasay, han expresado su oposición a una liberalización de la inmigración. Al mismo tiempo, algunos conservadores ven al crisol como un elemento esencial de la tradición estadounidense o como un componente de concepciones de justicia social, basadas en la religión y, por tanto, a menudo usan el lenguaje de los cosmopolitas de la izquierda para abogar por una inmigración abierta. Tales conservadores se extienden desde George W. Bush, con su “conservadurismo compasivo”, hasta las Catholic Charities U.S.A. [Caridades Católicas de los Estados Unidos] y otros entes católicos sin fines de lucro. Estas fracturas secundarias en el paisaje político sirven tan sólo para reforzar lo complicada que puede ser la política de la inmigración.

[3] Rothwell, Jonathan, & Neil G. Ruiz. 2013. “H-1B Visas and the STEM Shortage”.

[4] Ver: Hicks, J.R. 1959. “Supplementary Note A: The Theory of Wage Differentials” en Essays in World Economics. The Clarendon Press: Oxford, UK., p.p. 247-250; Oi, Walter. 1962. “Labor as a Quasi-Fixed Factor.” The Journal of Political Economy. 70(6): p.p. 538-555; Freeman, Richard. 1975. “Supply and Salary Adjustments to the Changing Science Manpower Market: Physics, 1948-1973.” American Economic Review. 65(1): p.p. 27-39; Freeman, Richard. 1976. “A Cobweb Model of the Supply and Starting Salary of New Engineers.” Industrial and Labor Relations Review. 29(2): p.p. 236-248; Goolsbee, Austan. 1998. “Does Government R&D Policy Mainly Benefit Scientists and Engineers?” American Economic Review88(2), p.p. 298-302.

[5] Una excepción destacable es Paul Romer (2001), un macroeconomista cuyo trabajo acerca del crecimiento económico se enfoca en la investigación y el desarrollo y el cambio tecnológico. Ver: Romer, Paul. 2001. “Should the Government Subsidize Supply or Demand in the Market for Scientists and Engineers?” Innovation Policy and the Economy. Vol. 1, p.p. 221-252.

[6] Salzman, Hal, Daniel Kuehn, & Lindsay Lowell. 2013. “Guestworkers in the High Skill U.S. Labor Market: An Analysis of Supply, Employment, and Wage Trends”. Economic Policy Institute Briefing Paper #359; y Salzman, Harold, Leonard Lynn, & Daniel Kuehn. Próximamente. “Dynamics of Engineering Labor Markets: Petroleum Engineering and Responsive Supply,” en The U.S. Labor Market for Engineers and the Global Economy. NBER and University of Chicago Press. Kuehn, Daniel & Harold Salzman. Próximamente. “Setting the Stage: Background on Engineering Graduates,” en The U.S. Labor Market for Engineers and the Global Economy. NBER and University of Chicago Press.

[7] Ryoo, Jaewoo, & Sherwin Rosen. 2004. “The Engineering Labor Market.” Journal of Political Economy. 112(1): p.p. S110-S140.

[8] “Indocumentado” es a menudo preferido a “ilegal”, debido a que la mayoría de los inmigrantes indocumentados no han cometido un crimen: ellos tan sólo han cometido una violación administrativa.

[9] Borjas, George. 1987. “Self-Selection and the Earnings of Immigrants.” American Economic Review. 77(4): p. p. 531-553.


Daniel Kuehn es instructor adjunto y estudiante de doctorado del Departamento de Economía de la American University. Su trabajo acerca de los mercados de trabajadores altamente calificados y de política de inmigración para los altamente calificados, ha sido financiado por una donación generosa de la Fundación Alfred P. Sloan.

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Este artículo pertenece a un autor invitado. Cada cierto tiempo publicamos artículos de los más importantes autores libertarios, liberales clásicos y amantes de la libertad.

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