La prehistoria de la Derecha-Alternativa

la prehistoria de la derecha alternativa

Leer “How I Left the Left” [Cómo me Alejé de la Izquierda de Evan Stern] sirve como fuerte recordatorio de que no hay mucho de intelectual que aún queda en ese lado de la cerca. Si una ideología se propone aislar la ubicación del mal en la entidad propia de las personas, es tiempo bien empleado. Eso, en adición al fracaso del modelo socialista en todas partes en que ha sido intentado, explica por qué la Izquierda ha sufrido tanto en las encuestas y ahora enfrenta un serio contragolpe en las universidades y en la vida pública.

Con el fracaso en la acción viene la reacción y actualmente el mundo está lidiando con algo mucho menos familiar para la mayoría de las personas: el surgimiento de la derecha alternativa como la opción. Se hace atractiva a alguna gente joven, debido a que rompe tabúes, un código moral rebelde que tan fácilmente inflama a maestros y a protectores de las convenciones cívicas.Sin embargo, el movimiento es más que eso. Tiene una historia filosófica y política verdadera, una que se presenta en violenta oposición a la idea de libertad individual. Ha estado altamente reprimida desde la Segunda Guerra Mundial y, debido a ello, la mayoría de las personas ha asumido que el fascismo (y sus retoños) se fueron de la tierra.

Como resultado, esta generación no ha estado preparada filosóficamente para reconocer a la tradición, a los signos, a las implicaciones y a la aplicación política de la ideología que muchos están trastabillando por abrazar.

He aquí una prehistoria de lo que actualmente llamamos derecha alternativa, que probablemente sería mejor descrita por la encarnación en el siglo XXI, de lo que en el siglo XIX habría sido llamado Hegelianismo de la derecha. Estoy dejando pasar a muchos movimientos políticos (en España, Francia e Italia) y a líderes alocados, como George Lincoln Rockwell, Oswald Mosley y el padre Coughlin, para llegar directo a las ideas esenciales, que forman algo así como una escuela de pensamiento que se desarrolló a lo largo de un siglo.

Aquí tenemos un linaje de pensamiento no Marxista, de marca no izquierdista sino de derecha, pero igualmente de pensamiento totalitario, desarrollado en oposición fanática a la libertad burguesa.

1820: Georg Friedrich Hegel publicó Elements of the Philosophy of Right [Elementos de la Filosofía del Derecho], en donde delineó las implicaciones políticas de su “idealismo dialéctico”, una visión que departía dramáticamente de la tradición liberal, al abstraerse completamente de la experiencia humana, para postular fuerzas como de guerra, que operaban más allá del control de todos en la formación de la historia. Resulta que la política de esta visión equivalió a que “el estado es la marcha de Dios a través del mundo.” Miró hacia adelante hacia alguna era futura que lograría la apoteosis del control del Estado. La visión Hegeliana, de acuerdo con una conferencia que pronunció Ludwig von Mises en 1952, se fragmentó en ramas de Izquierda y de Derecha, dependiendo de la actitud hacia el nacionalismo y la religión (la derecha apoyaba a la iglesia y al estado Prusiano, en tanto que la izquierda no), y, de ahí en adelante, “destruyó al pensamiento alemán y a la filosofía alemanda por más de, al menos, un siglo.”

1841: Thomas Carlyle publicó On Heroes, Hero-Worship, and The Heroic in History, [De los héroes y sobre su culto y el culto a lo heroico en la Historia], el cual popularizó la teoría de la historia del “gran hombre”. La historia no es acerca de mejoras marginales en los estándares de vida al usar mejores herramientas, sino más bien acerca de enormes cambios episódicos logrados a través del poder. Un defensor de la esclavitud y oponente del liberalismo, Carlyle se enfocó en el surgimiento de la sociedad comercial, alabando a Cromwell, Napoleón y Rousseau, y se entusiasmó con las glorias del poder. “Quien Comanda sobre los Hombres; aquél a cuya voluntad nuestras voluntades se verían subordinadas y a la que lealmente se entregan por sí mismas, y que encuentran su bienestar en hacerlo así, ha de ser reconocido como el más importante de los Grandes Hombres.” El blanco de Carlyle eran Adam Smith y la Ilustración Escocesa, en general. Los biógrafos de Hitler están de acuerdo en que las palabras de Carlyle fueron las últimas que él pidió que le leyeran antes de que muriera.

1841: Entre tanto, en el continente, Friedrich List publicó The National System of Political Economy [Sistema Nacional de Economía Política], el cual celebra al proteccionismo, al gasto en infraestructura y al control gubernamental y apoyo a la industria. De nuevo, era un ataque directo al laissez faire y una celebración de la unidad nacional, como la única fuerza verdaderamente productiva en la vida económica. Comenta Steven Davies: “El resultado más serio de la ideas de List era un cambio en el pensamiento y la percepción de la gente. En vez de mirar al comercio como un proceso cooperativo de beneficio mutuo, políticos y empresarios llegaron a verlo como una lucha entre ganadores y perdedores.” Los nacionalistas económicos de la actualidad no tienen nada nuevo que agregar, al edificio ya construido por List.

1871: Charles Darwin dejó brevemente al reino de la ciencia, al entrar en el análisis sociológico con su libro The Descent of Man [El Ascenso del Hombre]. Es un trabajo fascinante, pero tiende a tratar a la sociedad humana como una empresa zoológica, en vez de sociológica y económica. Incluye un párrafo explosivo (calificado y extensamente mal leído) en donde se lamentaba de cómo “nosotros establecemos leyes de ayuda a pobres y nuestros médicos ejercen su mayor habilidad para salvar la vida de todos hasta el último instante… Así, los miembros débiles de las sociedades civilizadas propagan su especie. Nadie que haya asistido a la crianza de animales domésticos, dudará que esto deba ser altamente injurioso para la raza del hombre.” Como mínimo, sugirió él, deberían impedir que los débiles se casaran. Este es “un control” que debemos tener, para mantener a la sociedad sin que quede a cargo de los inferiores. Trágicamente, este comentario pasajero envalentonó a los eugenistas, quienes de inmediato empezaron a tramar esquemas de planificación demográfica, para evitar un descenso biológicamente aterrorizante hacia la degeneración universal del hombre.

1896: La American Economic Association publicó Race Traits and Tendencies of the American Negro[Características Raciales y Tendencias del Negro Estadounidense] de Frederick Hoffman. Este monograma, uno de muchos de su tipo, describió a los negros como criminales incurables, que son tanto perezosos como promiscuos, cuya influencia sobre la biología nacional sólo podía conducir a una declinación de la raza. Su simple presencia era considerada una amenaza existencial a “las virtudes inflexibles de la raza Aria.” Tales puntos de vista fueron abrazados por Richard T. Ely, el fundador de la Asociación Estadounidense de Economistas, y llegaron a dominar las revistas académicas de ese período, brindando apoyo académico para leyes tipo Jim Crow [Nota del traductor: Leyes segregacionistas aprobadas en Estados Unidos entre 1876 y 1965], la segregación en los estados, la regulación de empresas y cosas aún peores.

1904: El fundador de la sociedad eugenésica de los Estados Unidos, Charles Davenport, estableció la Estación de Evolución Experimental y trabajó para propagar la eugenesia desde su percha como Profesor de Zoología de la Universidad de Harvard. Fue altamente influyente en una generación entera de científicos, figuras políticas, economistas y burócratas estatales y en mucho se debió a su influencia que la eugenesia fuera de interés central en las políticas estadounidenses, desde este período hasta la Segunda Guerra Mundial, influyendo en la aprobación de legislación salarial, de inmigración, de leyes matrimoniales, de legislación de horas laborales y, por supuesto, de esterilizaciones obligatorias.

En este punto de la historia, todos los cinco pilares de la teoría fascista (historicista, nacionalista, racista, proteccionista, estatista) estaban en su sitio. Tenía una teoría de la historia. Tenía una imagen del infierno, que era el liberalismo y la sociedad comercial sin control. Tenía una fotografía del cielo, que eran las sociedad nacionales manejadas por grandes hombres que habitaban Estados todo-poderosos, enfocados en la industria pesada. Tenía una racionalidad científica.

Por encima de todo, tenía una agenda: controlar a la sociedad desde arriba hasta abajo, con el objetivo de administrar cada aspecto de la ruta demográfica de la sociedad humana, lo cual significaba el control de los seres humanos desde la cuna hasta la tumba, para que produjeran el producto más superior, así como la planificación industrial para reemplazar las artimañas del proceso de mercado. En sí, la idea de la libertad, para esta escuela de pensamiento emergente, era un desastre para todos en todo lado.

Todo lo que era realmente necesario era la popularización de sus ideas más incendiarias. 1916: Madison Grant, académico de enorme prestigio y conectado con las élites, publicó The Passing of the Great Race [La Caída de la Gran Raza]. Nunca fue un éxito de ventas, pero ejerció sc entre las élites gobernantes e hizo una aparición famosa en The Great Gatsby [El Gran Gatsby] de F. Scott Fitzgerald. Grant, un ambientalista precoz, recomendó la esterilización en masa de las personas como “solución práctica, piadosa e inevitable de todo el problema”, que debería ser “aplicada a un círculo cada vez más amplio de desechos sociales, empezando siempre con el criminal, el enfermo y el loco, y extendiéndola gradualmente a tipos que podían ser llamados debiluchos, en vez de defectuosos y, tal vez, en última instancia a tipos raciales sin valor.” A Hitler le encantó el libro y le envió una nota a Grant alabando al libro como su biblia personal.

1919: Con posterioridad a la Primera Guerra Mundial, el historiador alemán Oswald Spengler publicó The Decline of the West [La Decadencia de Occidente], el cual recibió una enorme aclamación popular al capturar el sentimiento del momento: la economía monetaria y el liberalismo estaban muertos y tan sólo podían ser reemplazados por el surgimiento de formas culturales monolíticas, que se unen alrededor de la sangre y de la raza, como las fuentes de significado. La sangre derrota al dinero en todo el mundo, arguyó él. El texto interminable y vago se anida en las especulaciones de derecha Hegeliana, acerca del estatus del hombre y predice la caída total de todas las cosas adorables, a menos que la civilización Occidental se deshiciera de su atracción hacia las normas comerciales y al individualismo y, en vez de ellos, se juntara alrededor de la causa de identidad grupal. El libro desató una década de trabajos similares y movimientos que declararon que la libertad y la democracia eran ideas muertas: la única batalla relevante era entre las formas de planificación central comunista y fascista.

1932: Carl Schmitt publicó The Concept of the Political [El Concepto de lo Político], un ataque brutal contra el liberalismo, como la negación de lo político. Para Schmitt, lo político era la esencia de la vida y la distinción entre amigo/enemigo es su característica más significativa. Los amigos y los enemigos serían definidos por el Estado, y la enemistad puede tan sólo ser plenamente ejemplificada en el derramamiento de sangre, el cual deberá ser verdadero y actual. Mises lo llamó “el Jurista Nazi” por una razón: era miembro del partido y sus ideas contribuyeron poderosamente a la percepción de que la muerte masiva no sólo era moral, sino también esencial para el propio significado de la vida.

1944: Las tropas aliadas descubrieron miles de campos de la muerte distribuidos por todos los territorios capturados por los Nazis en Europa, creados empezando 1933 y continuando durante lo que la guerra duró, responsables de la prisión y muerte de hasta 15 millones de personas. El descubrimiento sacudió a una generación entera en el nivel más básico, y la disputa fue acerca de descubrir todas las fuentes de maldad -políticas e ideológicas- que había conducido a tan horripilante realidad. Con las fuerzas Nazis derrotadas y los juicios de Nuremberg enfatizando el punto, el avance del dogma fascista, en toda su progenie, timbres de racismo, estatismo e historicismo, llegó a un alto súbito. La supresión de las ideas empezó de allí en adelante en Europa, el Reino Unido y los Estados Unidos, creando la impresión de que el Hegelianismo de derecha era tan sólo flor de un día, que había sido permanentemente extinguida por el poder del estado.

En el mismo año en que empezó el descubrimiento de los campos de la muerte, F.A. Hayek publicó The Road to Serfdom [Camino de Servidumbre], en el cual enfatizó que no era suficiente con rechazar a las etiquetas, las canciones, los eslóganes y los regímenes del Nazismo y del fascismo. También era necesario, dijo Hayek, el rechazo de las propias ideas de planificación, que incluso en una democracia necesariamente conducen al final de la libertad y al surgimiento de la dictadura. Su libro fue recibido con una crítica que le aclamó, entre un grupo pequeño de liberales clásicos que aún quedaban (muchos de los cuales estuvieron involucrados en la fundación de la Foundation for Economic Education [Fundación para la Educación en Economía], pero, por otra parte, fue denunciado y ridiculizado por muchos otros como paranoico y reaccionario.

Durante la duración de la Guerra Fría resultante, fue el temor al comunismo y no al Nazi/fascismo lo que cautivaría la mente del público. Después de todo, el último había sido derrotado en el campo de batalla, ¿correcto? El génesis y el desarrollo del totalitarismo de la derecha más extrema, a pesar de los sinceros ruegos de Hannah Arendt, se alejaron de la conciencia del público.
LIBERALISMO, TODAVÍA NO
La Guerra Fría terminó hace 25 años y el surgimiento de la tecnología digital le ha dado a las formas liberales de economía política una gigantesca presencia en el mundo. El comercio nunca ha estado tan integrado. Los derechos humanos están en su marcha. La vida comercial, y su ideología subyacente de armonía y paz, constituyen la aspiración prevaleciente de billones de personas alrededor del mundo. Los fracasos de la planificación gubernamental nunca han sido tan obvios. Y, aun así, estas tendencias, por sí solas, no sellan el acuerdo para la causa de la libertad.

Con el Hegelianismo de izquierda ahora en desgracia, movimientos políticos alrededor del mundo están echando raíces en las ideas totalitarias de la historia de la pre-guerra, a fin de encontrar alternativas. La supresión de estas ideas no funcionó; de hecho, tuvieron el efecto opuesto de hacerlas más populares, al punto de que han hervido desde abajo hacia arriba. El resultado es lo que llamamos la derecha alternativa en los Estados Unidos y posee otros nombres en Europa e Inglaterra. (La transición de los años de 1990 a la actualidad será el tema de otro ensayo).
Que no nos engañen. Cualquiera que sea el sabor -cualquiera que sea la rama de Hegel que escojamos seguir- el costo del control gubernamental es la libertad humana, la prosperidad y la dignidad. Escogemos mega-estados, hombres fuertes, planificación nacional u homogeneidad religiosa o racial a nuestro propio riesgo.

En su mayor parte, los troles que postean memes que favorecen el perfil de fotografías del estilo del sitio de la red Stormfront [Nota del traductor: uno de los principales sitios pro nazi de la red] en sus cuentas sociales, y el movimiento de masas que pide que un hombre fuerte tome el control y que lance al otro fuera de su paso, no tiene la más mínima idea de la historia y del camino que están siguiendo.

Si usted está siendo tentado hacia la derecha alternativa, mire a sus progenitores; ¿les gusta lo que ven?
¿Cuál es la alternativa al Hegelianismo de derecha e izquierda? Se encuentra en la tradición liberal, resumida por la frase de Frederic Bastiat, “la armonía de intereses”. Tanta paz, prosperidad, libertad y comunidad como sea posible. Es esta tradición, y no en una que postula una guerra intratable entre grupos, la que protege y expande los derechos humanos y la dignidad humana, y que crea las condiciones que permiten el ennoblecimiento universal de la persona humana. (Para más acerca de la historia de las ideas despóticas en el siglo XX, sugiero el libro clásico de Mises de 1947, Planned Chaos [Caos Planificado], ahora disponible en la red electrónica.]

La última palabra en torno a la vía correcta hacia adelante (la que ama la libertad) fue enmarcada por un gran historiador inglés, Thomas Babington Macaulay, en 1830, en una declaración que sería odiada por todos los fascistas en la historia:

“No es por el entremetimiento de un Estado omnisapiente y omnipotente, sino por la prudencia y la energía de su pueblo, que Inglaterra hasta la fecha ha sido llevada hacia adelante en cuanto a civilización; y es a la misma prudencia y a la misma energía, a las que ahora miramos en busca de consuelo y buena esperanza. Nuestros gobernantes promoverán de la mejor forma la mejoría de nuestra nación si se confinan estrictamente, por sí mismos, a sus tareas legítimas, dejando que el capital encuentre su curso más lucrativo, los productos su precio justo, la industria y la inteligencia su recompensa natural, el ocio y el disparate su penalización natural, mediante la conservación de la paz, la defensa de la propiedad, la disminución del precio de la ley y la observación de una economía estricta en cada departamento del estado. Dejen que el Gobierno haga esto: el Pueblo con seguridad que hará el resto.”

Traducción por Jorge Corrales, el artículo original se encuentra aquí.

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Este artículo pertenece a un autor invitado. Cada cierto tiempo publicamos artículos de los más importantes autores libertarios, liberales clásicos y amantes de la libertad.

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